La acupuntura a la luz de la ciencia contemporánea

F.A. Horta Rangel y A. González Arias

La acelerada mejoría de la calidad de la vida de los habitantes del planeta, iniciada a partir de los comienzos de la edad moderna, se basa sin lugar a dudas en la aplicación del método científico en todas las ramas de la ciencia y la tecnología.  Mediante el método científico han surgido diversas formas de emplear con mayor eficiencia los recursos naturales accesibles en cada lugar; se han ideado métodos muy disímiles para aprovechar las diversas fuentes de energía y se ha promovido una mayor conciencia acerca de la necesidad de proteger el medio ambiente y lograr un desarrollo sostenible sin poner en peligro lo que ofrece la naturaleza.  Igualmente se ha facilitado de manera extraordinaria el registro y almacenamiento de datos de todo tipo, estableciéndose la actual globalización en las comunicaciones.  El método científico y la continua interacción entre las diversas ciencias ha permitido llegar a conocer las principales particularidades del organismo humano, tales como las funciones de los órganos a nivel celular e incluso genético; la esperanza de vida se ha incrementado notablemente gracias a la introducción de nuevos fármacos, vacunas, instrumentos, tecnologías y métodos de análisis clínico cada vez más potentes y precisos, incluso aún en los lugares donde no llegan todos los beneficios que la ciencia médica es capaz de proporcionar en la actualidad. 

El núcleo esencial del método científico lo constituye la interacción teoría-experimento.[1]  Mientras que el experimento busca examinar la realidad para obtener información, la teoría trata de dar una explicación racional a los resultados que proporciona el experimento.  En el caso de los medicamentos y terapias, la teoría trata de encontrar el mecanismo mediante el cual actúa el remedio sobre una determinada dolencia. Develar el mecanismo permite modificar el fármaco o la terapia buscando más eficacia, menos costo, la reducción de efectos secundarios o mejorar la relación riesgo/beneficio. 

Figura 1.  Puntos y meridianos de la acupuntura. No ha sido posible diferenciarlos de otros puntos o regiones de la piel mediante la microscopía moderna, las mediciones eléctricas, o cualquier otro método.

Mediante la teoría es posible generalizar un resultado particular o asociarlo a otros eventos o sucesos cuya relación no es inmediata, y que a veces pertenecen a ramas de la ciencia que aparentemente no tienen nada que ver con el experimento original.  El experimento sin teoría no da la posibilidad de avanzar, ni siquiera comprobar que lo válido en un caso particular también puede serlo en otro muy parecido. La teoría sin experimento no es más que una suposición, que no tiene por qué ser cierta; existen infinidad de ejemplos de supuestas ‘teorías’ que, muy racionales en apariencia, han resultado ser totalmente falsas. 

Por ejemplo, en cualquier enciclopedia se puede encontrar que la ranitidina, un medicamento de venta en cualquier farmacia, es un receptor de la histamina, que inhibe la producción de ácido estomacal al suprimir la secreción del ácido clorhídrico por las células parietales del estómago.  Además de su acción sobre el organismo, su fórmula y propiedades químicas son bien conocidas.  En el envase o el prospecto del medicamento aparecen muchos más datos: indicaciones, contraindicaciones, precauciones, advertencias, reacciones adversas, e interacciones con otros fármacos, lo que es un aval de que la acción de este medicamento sobre el organismo ha sido estudiada con mucho detalle mediante ensayos clínicos rigurosos, en los cuales también han ocupado un lugar importante los conocimientos teóricos obtenidos a partir de los ensayos.[2]  Este conocimiento resumido y detallado es lo que permite seguir investigando en la búsqueda de fármacos con mejores características para esa dolencia particular.


La teoría en la acupuntura

¿Cómo se ajusta la acupuntura al método científico?  Los partidarios de esta terapia alternativa suelen alegar su carácter milenario como principal argumento a favor, lo que a la luz de los conocimientos actuales es más bien un demérito.  Es fácil comprobar que el fundamento teórico de la acupuntura está desligado por completo de la realidad.

La teoría de la acupuntura se basa en antiguas enseñanzas chinas filosófico-religiosas provenientes de Lao Tse, quien introdujo el concepto del Qi (aliento o soplo vital) hace unos 2500 años. Este Qi a veces se traduce en alguna literatura occidental contemporánea como energía vital o como bioenergía.[3],[4]  Sin embargo, la energía vital no es un término reconocido por la ciencia; es un concepto que proviene de otra religión, el hinduismo, con un significado ajeno al principio de conservación de la energía.   Por su parte, la definición aceptada universalmente para la bioenergía es la de fuente renovable de energía a partir de la biomasa. Existen no menos de 6 revistas científicas internacionales dedicadas a publicar artículos acordes a esta definición, que nada tiene que ver con ‘soplos’ o ‘alientos vitales’.[5],[6],[7],[8],[9],[10],[11]  De aquí que tratar de interpretar el antiguo Qi como una cierta energía no es más que una grosera tergiversación de la realidad;  es más bien un concepto ‘espiritual’.

Se añade a lo anterior que el término energía y su principio de conservación son muy posteriores a las enseñanzas de Lao Tse: se originaron en el siglo XVIII. [12]  Su existencia ni siquiera se sospechaba cuando el taoísmo introdujo el Qi como concepto hace miles de años.  Los diversos cultos taoístas basados en la higiene, que pretendían prolongar la vida, surgieron mucho después, entre los siglos III y VI de nuestra era.[13]  Los conocimientos modernos acerca del funcionamiento del organismo, la respiración, la circulación de la sangre y la linfa o la fisiología de los diferentes órganos son muy posteriores. La noción de que la célula es la unidad estructural común a todos los seres vivos fue formulada hace menos de 200 años por el botánico Matthias Jakob Schleiden y el fisiólogo Theodor Schwann, ambos alemanes, entre 1838 y 1839. 

Inconsistencias de la teoría. El ‘aliento’ o ‘soplo vital’ representado por el Qi no es una magnitud física que se pueda detectar o medir y por tanto carece de valores numéricos; no es más que una suposición subjetiva de los chinos antiguos para tratar de dar una explicación a los supuestos efectos de la acupuntura.  No obstante, aunque no es un objeto material, veremos de inmediato que la acupuntura considera que este Qi se puede desplazar de un lugar a otro como si fuera un fluido.  Este tipo de tergiversación es una de las muchas que aparecen en otras terapias alternativas; se introducen conceptos ideales ilusorios que no se pueden detectar por algún medio para después tratarlos como si fueran entes u objetos reales.

La medicina tradicional china reconoce 365 puntos de acupuntura. Por su parte, los microscopios contemporáneos permiten obtener imágenes muy claras del interior de las células, de las moléculas, e incluso de átomos individuales.  Sin embargo, nadie ha podido observar en la piel, o en regiones subcutáneas, algo con características diferenciadas que se parezca a tales ‘puntos’ o regiones allí donde los antiguos grabados chinos los indican.  En algunos textos médicos dedicados a la acupuntura se afirma que entre esos puntos existe una conductividad eléctrica menor que entre otros puntos de la piel, lo que es contrario a la evidencia experimental.4,[14]  Si las mediciones se realizan correctamente, en iguales condiciones de humedad y presión de los electrodos sobre la piel, se obtienen los mismos resultados entre los puntos de acupuntura que entre otros cualesquiera, lo que ha sido comprobado una y otra vez.  En la actualidad cualquiera puede reproducir esas mediciones con gran precisión usando instrumentos no especializados.[15] 

Los acupunturistas comparten igualmente la idea de que el invisible e inmensurable Qi viaja por ciertos canales o meridianos en la piel, también invisibles (ver figura).  Se postula la existencia de 14 meridianos y doce canales principales que se asocian a órganos vitales del cuerpo humano: pulmones, intestino grueso, intestino delgado, bazo-páncreas, corazón, riñones, vejiga, sistema cardiovascular, vesícula biliar, hígado, ‘vaso de la concepción’, ‘vaso gobernante’ y ‘triple calentador’.  Pero tampoco hay evidencias de la existencia de los tales meridianos, pues no se ha detectado algún indicativo en la piel u otro lugar que sugiera su existencia usando el instrumental de microscopía de última generación, o cualquier otro medio. 

Considerar que por esos meridianos fluye algún tipo de energía es también erróneo.  La energía no es un líquido o un gas que puede ser enviado por tuberías de un lugar a otro; es la capacidad o habilidad de un cuerpo o sistema para generar fuerzas sobre otros sistemas o sobre sus propios subsistemas.12 Se transmite en el momento y lugar que esas fuerzas actúan y sus formas de transmisión son bien conocidas (calor y trabajo mecánico, eléctrico o electromagnético, etc.)  En el organismo la energía se genera allí justamente donde hace falta.  Se libera durante los procesos metabólicos en los que intervienen complejas reacciones bioquímicas a nivel celular, algo muy bien estudiado y conocido por la ciencia contemporánea, pero de lo que ni siquiera existían nociones hace 200 años, mucho menos hace 2000.

Es de notar que la supuesta teoría de la acupuntura tampoco explica cómo se conectan los puntos con los órganos internos; sólo menciona puntos y meridianos, postulando que tal punto se conecta con más cuál órgano sin explicar el mecanismo; es decir, cómo se lleva a cabo esa conexión curativa, a diferencia de lo que sucede con cualquier fármaco o terapia moderna.

En resumen, no hay evidencias de que en la piel existan los tales puntos especiales o los meridianos en que se fundamenta la teoría de la acupuntura.  Pero aún si los meridianos existieran, tampoco sería posible considerar que por ellos se transmite algún tipo de energía, de manera que el supuesto fundamento teórico de la acupuntura no es más que una serie de afirmaciones oscurantistas, ajenas a la ciencia y  sin fundamento real, algunas tergiversadas y muy anteriores a que se conociera el funcionamiento y la fisiología de los diferentes órganos, o la existencia de las células y su papel fundamental en el metabolismo y el desarrollo de la vida. 

Al carecer de una teoría sólida apoyada en la evidencia experimental, la acupuntura no puede avanzar.  Seguirá por siempre atada a las recetas elaboradas en la antigua china sin posibilidad alguna de desarrollarse,  incluso aunque efectivamente existieran pruebas indiscutibles de sus propuestas prácticas, lo que tampoco ha ocurrido hasta el momento.


La evidencia experimental en la acupuntura

Ha ocurrido, y sin dudas volverá a ocurrir, que la evidencia experimental arroje resultados incuestionables a favor de algún producto o medicamento, aunque no exista una teoría que explique su mecanismo o funcionamiento.  Es decir, no es indispensable que exista una teoría adecuada para adoptar el uso de algo que realmente funcione. Pero ese no es el caso de la acupuntura.

Los partidarios de la acupuntura suelen aplicar su ‘técnica’ indiscriminadamente a padecimientos muy disímiles, aunque no existan ensayos clínicos que demuestren su efectividad.  Es como si adoptaran el lema anticientífico: ‘La acupuntura es eficaz mientras otros no demuestren lo contrario’.  Pero lo que en realidad sucede una y otra vez es que, incluso aún cuando otros hayan demostrado la ineficacia de alguna aplicación de la acupuntura, sus partidarios cierran los ojos ante la evidencia e insisten en su punto de vista, lo que convierte la acupuntura en una doctrina más que una ciencia.    En este sentido es posible encontrar reportes en revistas médicas sobre dolencias que van desde las urgencias hipertensivas y asmáticas hasta la lactancia materna, la tartamudez y las enfermedades ginecológicas.[16],[17],[18],[19],[20],[21],[22],[23],[24],[25],[26],[27],[28],[29],[30],[31],[32],[33],[34],[35],[36],[37],[38],[39]     Lo usual es que estos artículos reporten beneficios a la vez que hacen caso omiso de las recomendaciones éticas y científicas de la OMS sobre los ensayos clínicos, los sesgos y los grupos de control.[40]  

El ensayo clínico aleatorizado es la opción más confiable en la investigación clínica. Su elemento primordial es la existencia de un grupo de comparación (grupo de control) que permite comprobar si la nueva terapia o medicamento es mejor, o al menos similar, a las ya existentes.  Si no aparece un tratamiento previo comparable, al grupo de control se le administra alguna sustancia inerte o neutra (el placebo) sin advertir a sus integrantes.[41],[42],[43],[44]   En la mayoría de las referencias antes citadas [16-39] el grupo de control ni siquiera se menciona.

Los ensayos aleatorizados más recientes proporcionan resultados negativos sobre la eficacia de la acupuntura o, a lo más, de poca relevancia en casos muy específicos y ciertamente dudosos.  En 2009 un grupo de investigación llevó a cabo una revisión muy completa sobre las publicaciones científicas relacionadas a la acupuntura para aliviar el dolor.  Se revisaron las bases de datos de la Biblioteca Cochrane, Medline, Embase, Biological Abstracts, and PsycLIT.  La última búsqueda incluyó todos los trabajos publicados con fecha anterior al 1 de enero de 2008.  No se consideraron los casos donde se aplicaba estimulación eléctrica o digitopuntura, o donde había errores metodológicos manifiestos (sesgos) como, por ej., si los grupos de ensayo y control mostraban de inicio diferencias evidentes.  Con posterioridad se realizó un meta análisis estadístico de trece ensayos clínicos que cumplían los requisitos exigidos, con un total de 3025 pacientes.  En las conclusiones se lee: 

“No está claro si poner agujas en los puntos de acupuntura, o en cualquier otro sitio, reduce el dolor de manera independiente al impacto psicológico del ritual del tratamiento”.[45]

Sin embargo, al parecer este reporte no terminará la controversia, pues un artículo posterior, de septiembre de 2012, referente a otro extenso meta análisis, reporta haber encontrado diferencias, aunque modestas, entre los resultados de la acupuntura y los causados por un placebo[*].  Los resultados se refieren exclusivamente a cuando se trata de aliviar el dolor crónico, por lo que recomiendan la acupuntura como una opción razonable sólo para esos casos específicos y no en otros. No obstante, el artículo también reconoce la posibilidad de que hayan existido factores ajenos (sesgos) afectando los resultados[46].  Como el trabajo fue financiado por el Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa de los EE.UU., cuyo objetivo es precisamente buscar evidencias sobre la efectividad de terapias no demostradas, la incertidumbre introducida por la posibilidad de sesgos habla a favor de la honestidad de los autores, pero hace surgir muchas dudas acerca de la validez del reporte. 


Epílogo

Quizás lo más desconcertante de la acupuntura sea que aún existen lugares donde los organismos encargados de velar por la salud pública, en vez de sancionar estas prácticas anticientíficas que en nada benefician al paciente, muchas veces las toleran e incluso las promueven.  Tampoco faltan las universidades públicas, supuestamente laicas y científicas, donde se organizan cursos de post-grado y maestrías sobre esta supuesta técnica curativa que:  a) tiene de fundamento un trasfondo filosófico-religioso con carácter doctrinal, no de ciencia;   b) no ha sido demostrada de manera concluyente en lo experimental, a pesar de la gran cantidad de ensayos clínicos realizados y;  c) está basada en una teoría referida a un concepto inmaterial que se desplaza por el organismo y en puntos y canales ilusorios que nadie ha encontrado jamás;  una teoría incapaz de proporcionar  mecanismos explicativos del fenómeno que pretende describir y, tan desligada de la realidad, que no tiene posibilidad alguna de avanzar en su desarrollo.


[*] Aplicación de una falsa acupuntura a los integrantes del grupo de control, en puntos ajenos a los indicados o simulando la inserción de las agujas.



Referencias

[1] González Arias A. y Horta Rangel F. A. Ciencia, pedagogía y cultura científica. Elementos 87 (2012) 3-11

[2] Horta Rangel F. A. y González Arias A. Los ensayos clínicos y la medicina alternativa. Elementos 89 (2013) 29-38

[3] Nogueira Pérez Carlos A., Acupuntura I y II. Fundamentos de Bioenergética. Ediciones CEMETC. S.L. Madrid,  2002

[4] Dovale Borja Caridad y Rosell Puig Washington. Elementos básicos de medicina bioenergética para estudiantes de Ciencias Médicas. Ecimed, Cuba, enero 2001.

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[11] The American Journal of Biomass and Bioenergy.  Accesible en http://uscip.org/JournalsDetail.aspx?journalID=32

[12] Use and misuse of the concept energy,  Lat. Am. J. Phys. Educ. Vol. 6, Suppl. I, August 2012.  Versión en español: Proceedings del VII Congreso Internacional Didácticas de las Ciencias, La Habana, Cuba, Sello editor Educación Cubana, Marzo 2012.

[13]  Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[14] Ávila Guethón Jorge y Fonte González Pedro. Salud ecológica.  Editorial Ciencias Médicas,  Cuba, 2004.

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 [41] Lazcano-Ponce Eduardo, Salazar-Martínez Eduardo, Gutiérrez-Castrellón Pedro, Angeles-Llerenas Angélica, Hernández-Garduño Adolfo, Viramontes José Luis.  Ensayos clínicos aleatorizados: variantes, métodos de aleatorización, análisis, consideraciones éticas y regulación. Salud pública de méxico / vol.46, no.6, noviembre-diciembre de 2004. p.559-584

 [42] Fors MM. Los ensayos clínicos y su contribución a la salud pública cubana. Rev Cubana  Salud Pública. 2012;38(sup):57-61.

[43] Jiménez R.   Medicina basada en la evidencia, origen, verdades, falacias y acogida en Cuba. Rev Cubana Salud Pública. 2012;38 (suplemento):20-5.

[44] Moreno MA. La medicina basada en la evidencia y la práctica médica individual. Rev Cubana Med. 2005 [citado  2 Abr 2013];44(3-4). Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-75232005000400015&lng=es

[45] MV Madsen, PC Gotzsche,  A Hróbjartsson.  “Acupuncture treatment for pain: systematic review of randomised clinical trials with acupuncture, placebo acupuncture, and no acupuncture groups”. BMJ 2009;(338):a3115.

[46] Vickers Andrew J., Cronin Angel M., Maschino Alexandra C., Lewith George, MacPherson Hugh, Foster Nadine E., Sherman Karen J., Witt Claudia M., Linde Klaus. “Acupuncture for Chronic Pain Individual Patient Data Meta-analysis”, Arch Intern Med. Published online September 10, 2012. doi:10.1001/archinternmed.2012.3654.  Downloaded From: http://archinte.jamanetwork.com/ by a World Health Organization User on 09/13/2012

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Ciencia y pseudociencia: una distinción crucial

 Rev Cubana de Invest Biomed 1997; 16(2):78-82 La pseudociencia no puede progresar porque se las arregla para interpretar cada fracaso como una confirmación, y cada crítica como si fuera un ataque… como la magia y como la tecnología, la pseudociencia tiene un objetivo primariamente práctico, no cognitivo, pero, a diferencia de la magia, se presenta ella misma como ciencia y, a diferencia de la tecnología, no goza del fundamento que da a ésta la ciencia.                                                                                                        Mario Bunge Ya en 1976 Illich1 alertaba que «el compromiso social de proveer a todos los ciudadanos de las producciones casi ilimitadas del sistema médico amenaza con destruir las condiciones ambientales y culturales para que la gente viva una vida autónoma y saludable. La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud». La parafernalia tecnológica desempeña un papel singular, por ejemplo, en el enfermo terminal, ya que contribuye a ignorar que la prolongación de la muerte no es sinónimo de prolongación de la vida. Paralelamente, se ha producido un auge espectacular de la producción y comercialización farmacológicas que ha permitido que la industria farmacéutica escale el tercer lugar mundial en cuanto a volumen de ganancias y al adquirir un poder económico manipular el consumo mundial de fármacos. Paralelamente, cabe tener en cuenta que por medio de la práctica social las sociedades han desarrollado experiencias y sistematizado formas especiales de «conocer y saber» acerca de la salud y la enfermedad, que han ido configurando un conjunto de nociones y conocimientos formados en la práctica cotidiana y espontánea de la gente común, hasta llegar a la práctica empírica que concentra y sistematiza la experiencia de la colectividad en largo tiempo.2 Este saber informal, de indudable valor cultural, es considerado por algunos salubristas como algo que es necesario conservar o recuperar debido a su valor secular. Todo ello explica en parte la tendencia a que cada vez más gente eluda la «medicina oficial» y acuda a procedimientos marginales o alternativos, parte de los cuales se encuadran en la llamada Medicina Natural y Tradicional (MNT), fenómeno que emerge con especial énfasis en países desarrollados pero que ha alcanzado gran empuje en Cuba, donde se parte de una cultura popular propensa a este tipo de prácticas y de un favorable contexto sociocultural e histórico. Cuba es un país con gran tradición de yerberos y prácticas mágico-religiosas, como señalaba Fernando Ortiz en 1951:3 La medicina folklórica es la que más se practica en la realidad, pues las clases pobres, que son más numerosas e ignorantes, tienen que acudir en sus dolencias a la medicina casera y a los recursos del curanderismo profano o religioso, benéfico o explotador, bien intencionado o con malicia y eficaz o inútil y hasta nocivo, por no tener ellas a su alcance otros medios defensivos de su salud. Las terapias de este tipo producen, sin embargo, un marco polémico. Se identifican en la actualidad dos posiciones extremas: una, caracterizada por la defensa sectaria y vehemente de estas prácticas; la otra, representada por su negación categórica desde posiciones cientificistas. Posiblemente, ambas sean perniciosas. Naturalmente, entre esos dos polos se ubica una amplia gama de posiciones, en muchos casos matizadas por la confusión y el desconcierto. Este proceso se ha venido desarrollando a lo largo de los últimos años en un marco carente de nítidas directrices orientadoras en lo que se relaciona con la investigación y el carácter científico o no de las diversas expresiones posibles de la MNT. Parece claro que la actividad de investigación en este campo ha sido -con excepción de la fitoterapia fragmentada, no exigida ni sistematizada, muy escasamente estimulada y no sentida como necesaria por la casi totalidad de los practicantes, quienes se contentan en general con sus observaciones y las anécdotas que pueden relatar. Es imposible valorar una propuesta científica si no se cuenta con un marco teórico potente que permita distinguir entre ciencia y pseudociencia. Con frecuencia se escuchan debates en que intervienen declaraciones del tipo «la práctica X sí es científica pero la Y no lo es, en tanto que la teoría Z aún está en discusión». Muchas veces, lamentablemente, se trata de palabras vacías de contenido, pues no dimanan de un examen sistemático y correcto de X, Y y Z, sino de convicciones nacidas de la intuición, de la asimilación inercial de lo que dicen o hacen otros, o de una concepción errónea de los objetivos y procedimientos de la ciencia. Por lo tanto, lo primero que debe establecerse con transparencia es que el propósito central de la ciencia es el establecimiento de las leyes que rigen los fenómenos que examinan, así como conformar teorías (sistemas de leyes) que expliquen los acontecimientos, tanto los actuales como los potenciales. Tal esfuerzo se orienta a conseguir, a la postre, el control tecnológico más fructífero de esos acontecimientos. Es bien conocido que el proceso de conformación de dichas leyes y teorías exige la aplicación de un método riguroso, que muchas veces es arduo y árido, complejo y lento, a diferencia de la especulación no científica, que resulta más fácil y en principio más interesante que la paciente colección de datos objetivos en un marco teórico previo y el proceso subsiguiente de desentrañarlos y organizarlos dentro de estructuras teóricas que sean interna y externamente coherentes. La ciencia no pretende ser final, incorregible y definitivamente cierta. Como resume Bunge,4 lo que afirma la ciencia es: ? que es más verdadera que cualquier modelo no científico del mundo ? que es capaz de probar, sometiéndola a contrastación empírica, esa pretensión de verdad. ? que es capaz de descubrir sus propias deficiencias ? que es capaz de corregir sus propias deficiencias. Lo que se propone sobre estas bases es construir representaciones parciales de la realidad que la modelen de manera cada vez más adecuada. Nunca parte de postulados mesiánicos e inamovibles; en todo caso, de hipótesis siempre abiertas a ser desechadas o mejoradas si se hallan motivos para ello. Ninguna especulación extra científica es tan modesta ni da tanto de sí. La pseudociencia es, en cambio, típicamente arrogante, se autoproclama dueña de la verdad y raramente se autocritica. Las especulaciones no científicas acerca de la realidad suelen caracterizarse por uno o más de los siguientes rasgos: ? no suelen formular interrogantes transparentes, sino más bien problemas para los que ya se tienen respuestas anticipadas ? no proponen hipótesis ni explicaciones fundamentales y contrastables; para averiguar la verdad se valen de técnicas inescrutables ? no se proponen hacer contrastaciones objetivas de sus tesis y desdeñan o eluden los estándares universalmente admitidos para ello ? suplen los argumentos estructurales con ilustraciones de sus concepciones y las evidencias estadísticas con anécdotas ? las leyes que esbozan o enuncian son básicamente especulativas y se definen a través de categorías difusas y elusivas ? permiten la coexistencia de contradicciones internas en su propia formulación; su carácter sectario no consiente las enmiendas que se podrían derivar de dichas contradicciones. Algunos defensores de prácticas que carecen de toda explicación racional o que están en franca oposición a leyes comprobadas de la ciencia, arguyen que lo único importante es si el método funciona o no. Esto trae a colación un viejo dilema: si los tratamientos no suponen iatrogenias ni efectos secundarios negativos, y además hay testimonios favorables a su efectividad, ¿por qué cuestionarlos?, ¿por qué no aprovechar el recurso terapéutico sin más discusión?, ¿cuál es la posición científicamente válida ante este dilema? Hay dos razones de naturaleza diferente pero cada una suficiente para objetar la traslación de este burdo pragmatismo a la ciencia médica. La primera concierne al espíritu del pensamiento científico. Aceptar las terapias a partir exclusivamente de sus éxitos clínicos, supone un error metodológico, porque tiende a convalidar la renuncia a determinar su base teórica y restringe la investigación, si es que la admite, a un marco puramente empírico. El problema de aceptar oficial o socialmente terapias sin base científica, y manejarlas como válidas, puede suponer un freno y un retraso grave en dicha investigación, e implicar a la larga grandes despilfarros en inversiones y subvenciones. Además de lo anterior, hay que enfatizar que tal convocatoria supone restringir nuestras herramientas valorativas al marco del pragmatismo, como si la teoría y el conocimiento general no pudieran ser útiles incluso para el propio perfeccionamiento de dichas terapias. Cabe no perder de vista una realidad admitida en todos los entornos mundiales en que rige un sentido estratégico de la ciencia: «La práctica sin teoría es ciega y la teoría sin práctica es estéril».5 Por otro lado, hay otra razón práctica: no es nada insólito que un paciente, ante una enfermedad grave, preocupado o irritado por una ausencia de mejoría, acuda al terapeuta alternativo abandonando el tratamiento prescrito inicialmente. Cuando más tarde, en ausencia de mejoría o tras una recaída, vuelve a su médico habitual, el abandono del tratamiento ha resultado clave. Esta pérdida de tiempo, puede resultar trágica.6 La especulación acientífica ofrece muy poco a la ciencia contemporánea. Prestar atención automática a cada propuesta, por descabellada y contradictoria que sea, no puede ser la regla de conducta, aunque sólo fuera por mero afán de racionalidad y de ahorro de recursos humanos y materiales. Sin embargo, aun en casos como estos, pudiera ser aconsejable contrastar rigurosamente y con estándares valorativos indiscutibles las pretensiones de corte pseudocientífico, pues establecer que ellas son falsas significará adquisición de conocimiento y, llegado el caso, permitirá combatir convicciones absurdas o erróneas, especialmente cuando han conseguido extenderse. La condición más importante que tiene que cumplir una tecnología terapéutica para verse dignificada por el escrutinio científico no es, sin embargo, que se asiente en un cuerpo teórico adecuado. Aunque ello, desde luego, es altamente recomendable para, como se ha dicho, no despilfarrar recursos, no resulta absolutamente indispensable. Existen diversas expresiones terapéuticas alternativas que invocan sistemáticamente la existencia de energías desconocidas para la física, y procesos fisiológicos no descubiertos por la bioquímica ni la biología. La pertinaz y enmarañada alusión a tales energías y procesos no sólo no aporta un ápice de evidencia en favor de su existencia real (del mismo modo que la repetición machacona de que se ha alcanzado un objetivo no contribuye en nada a la convicción de que se ha alcanzado) sino que obstaculizan seriamente su valoración. Por lo tanto, constituye una demanda crítica que la propuesta tecnológica esté definida claramente y no maneje términos borrosos e inapresables; y lo que sí es simple y directamente imprescindible para proceder a la contrastación rigurosa que demanda su convalidación inicial es que formule con nitidez sus presuntas virtudes. Se vislumbra un confuso entramando teórico-conceptual que involucra a todos: practicantes, investigadores, personalidades científicas y dirigentes de la ciencia. La disparidad de actitudes y posiciones entre personalidades relevantes de las ciencias de la salud es tal que se registra desde gran entusiasmo hasta honda preocupación y alarma; no se observa, sin embargo, indiferencia. Es necesario aprovechar ese interés para promover espacios de discusión científica dentro y entre los estamentos involucrados. Luis Carlos Silva Aycaguer, Dr. C. Vicerrectoría de Investigaciones y Posgrado Instituto Superior de C. Médicas de la Habana REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 1. Illich I. Némesis médica. Joaquín Ortiz, México, 1978. 2. Breilh J. El deterioro de la vida. Corporación Editora Nacional, Quito, 1990. 3. Ortiz F. La medicina folklórica de Cuba. Bohemia/1951;12(48):16-8. 4. Bunge M. La investigación científica. Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1972. 5. Bernal J. La ciencia en nuestro tiempo. Nueva Imagen, México DF, 1979. 6. Tellería C, Sanz VJ, Sabadell MA. La homeopatía: historia, descripción y análisis crítico. Alternativa Racional a la Pseudociencia. Zaragoza, 1994.
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Enfermedad por hígado graso no alcohólico y/o la esteatohepatitis no alcohólica

Apuntes médicos para Morón

En la revisión que exponemos, tratamos de rememorar algunos de los aspectos mas importantes de un problema de salud con gran prevalencia en nuestro medio que requiere de acciones en la Atención Primaria de Salud.

Conceptos:

Laenfermedad por hígado graso no alcohólicoabarca a un grupo de afecciones en las que se presenta excesiva acumulación de grasa dentro del hígado de gente que consume poco o nada de alcohol. La forma más común de esta enfermedad es una afección no grave conocida como hígado graso, en la que se acumula grasa dentro de las células hepáticas. A pesar de que tener grasa en el hígado no sea lo normal, la grasa en sí misma, posiblemente no daña al hígado. Entre la gente con enfermedad por hígado graso no alcohólico, un grupo pequeño podría presentar una afección más grave, llamadaesteatohepatitis no alcohólica.

Causas:

La enfermedad por hígado graso…

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Lesiones elementales de la piel. Rememorando

Apuntes médicos para Morón

Recordar las lesiones elementales de la piel es importante para cuando vamos a realizar los diagnósticos de las patologías dermatológicas. Le dejamos una pequeña revisión del tema.

Las lesiones elementales primarias son aquellas que representan el elemento diagnóstico de una dermatosis y aparecen desde el principio del proceso.

Máculas: es una lesión plana, no palpable, que consiste en un cambio en el color de la piel, pero sin cambios en su textura o elevación. Son debidas a alteraciones de las células que aportan color y/o pigmentación de la piel(sistema vascular, melanina). Pueden ser de origen vascular (debido a vasodilatación arterial o venosa y por extravasación hemática) o de origen pigmentario.

mac

Algunos ejemplos de enfermedades o condiciones de la piel que se presentan con máculas son:

  • pecas

  • lunares planos

  • sarampión

  • rubeóla

Pápulas: son elevaciones de la piel de pequeño tamaño y contenido sólido, circunscritas, que pueden unirse formando placas. Dependiendo de…

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Se acabó el pan de piquito

Por Pedro Jorge Velázquez

Hay un «dicho popular» que todos conocemos y que me sirve, como anillo al dedo, para iniciar este comentario:
– Tócame Roque, tócame Roque, tócame Roque…
Y cuando Roque toca: –Mamá, Roque me está tocando.

Algo así, pero con miles de ejemplos para poner sobre esta mesa de fin de año, es el juego que comenzó la prensa presupuestada no estatal hace varios años en Cuba. Dejémonos de falacias y eufemismos: no le digamos más «prensa independiente» porque no lo es y nos mentimos a nosotros mismos. Esa prensa no es independiente. Esa prensa no es alternativa. Esos medios que hoy se articulan alrededor de nuestro suelo forman una prensa dependiente del dinero de una organización (NED, Open Society, etc) o un magnate que desde fuera de nuestro país dice y dicta cómo y para qué se hace, por eso propongo llamarle prensa presupuestada no estatal…

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EN VIDEO. Farsa de San Isidro: ¿Performance para un derramamiento de sangre?

Cuba Update

Apuntes para un perfil de los protagonistas de la juerga de San Isidro


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Enzimas e Hígado

Apuntes médicos para Morón

Las alteraciones del perfil hepático constituyen una de las anomalías más frecuentemente observadas, tanto en los pacientes que son asistidos en el ámbito hospitalario, como en las consultas de atención primaria. En el último caso, es muy frecuente que las alteraciones del perfil hepático constituyan un hallazgo casual en un paciente asintomático o que consulta por síntomas banales o inespecíficos, pudiendo detectarse hasta en aproximadamente en el 8-10% de los análisis rutinarios realizados.

Las Pruebas Funcionales Hepáticas engloban a una serie de determinaciones analíticas, frecuentemente utilizadas en la práctica clínica, tales como las aminotransferasas, enzimas de colostasis (fosfatasa alcalina y gammaglutamil- transpeptidasa), bilirrubina, tiempo de protrombina y albúmina, representando estos dos últimos parámetros una aproximación a la función sintética del hígado. A continuación vamos a describir brevemente las características más importantes de la enzimas hepáticas:

Enzimas que reflejan lesión del hepatocito

Las aminotransferasas (transaminasas) son indicadores sensibles de lesión de…

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Pseudociencia y COVID-19: ya hemos tenido suficiente

La comunidad científica debe tomar las mazas en la batalla contra los absurdos.


Timothy Caulfield

27 ABRIL 2020

Orina de vaca, lejía y cocaína se han recomendado como curaspara elCOVID-19,— todo absurdo. La pandemia ha sido calificada como un arma biológica escapada, un subproducto de la tecnología inalámbrica 5G y un engaño político, todo tonterías. E innumerables gurús del bienestar y practicantes de la medicina alternativa han promovido pociones, píldoras y prácticas no probadas como formas de «estimular» el sistema inmunológico.

Afortunadamente, esta explosión de desinformación – o, como lo ha llamado la Organización Mundial de la Salud, la “infodemia”, ha desencadenado un ejército de verificadores y desenmascaradores.Los funcionarios de control han tomado medidas agresivas para responsabilizar a los especialistas en el marketing de terapias no comprobadas. Los financiadores están apoyando a los investigadores (incluido yo mismo) para que exploren la mejor manera de contrarrestar la propagación del COVID-19.

He estudiado la difusión y el impacto de la información errónea sobre la salud durante décadas y nunca he visto que el tema se tome tan en serio como ahora. Quizás eso se deba a la escala de la crisis y la omnipresencia de la desinformación sin sentido, incluidos los consejos de algunos políticos muy destacados. Para que esta respuesta pro-ciencia sea duradera, todos los científicos, no solo algunos de nosotros, debemos defender la calidad de la información.

Aquí hay dos lugares para comenzar.

Primero, debemos dejar de tolerar y legitimar la pseudociencia de la salud, especialmente en las universidades y las instituciones de salud. Los centros de salud integradores de las principales universidades y hospitales han adoptado muchas terapias falsas de COVID-19. Si una institución respetada como la Clínica Cleveland en Ohio ofrece reiki, una práctica sin ciencia que implica el uso de las manos, sin siquiera tocar al paciente, para equilibrar la «energía vital de fuerza vital que fluye a través de todos los seres vivos”, sorprende que algunas personas piensen que la técnica podría estimular su sistema inmunológico y hacerlos menos susceptibles al virus? Se puede hacer un argumento similar sobre quienes administran la salud pública en Canadá y el Reino Unido: al ofrecer homeopatía, de facto fomentan la idea de que este remedio científicamente inverosímil puede funcionar contra el COVID- 19. Estos son solo algunos de los innumerables ejemplos.

 En mi país de origen, Canadá, las agencias reguladoras están tomando medidas enérgicas contra proveedores como quiroprácticos, naturópatas, herbolarios y curanderos holísticos que comercializan productos contra el COVID-19. La idea de que un ajuste de las vertebras, una terapia intravenosa con vitaminas o la homeopatía pudieran ser defensa contra una enfermedad infecciosa no tenía sentido antes de la pandemia.

La lucha contra la pseudociencia se debilita si las instituciones médicas de confianza condenan una práctica libre de pruebas en un contexto y lo legitimizan en otro. Necesitamos buena ciencia todo el tiempo, pero especialmente durante los desastres.

Existe alguna evidencia de que los tratamientos alternativos y los efectos placebo pueden aliviar la angustia, una justificación común para tolerar tratamientos alternativos no probados. Pero es inapropiado engañar a la gente (incluso para su beneficio) con pensamientos mágicos, y es inapropiado que los científicos permitan que esa información errónea pase desapercibida.

En segundo lugar, más investigadores deberían convertirse en participantes activos en la lucha pública contra la información errónea. Aquellos que impulsan ideas no probadas utilizan el lenguaje de la ciencia real, un fenómeno que llamo «explotación científica», para legitimar sus productos. Es, por desgracia, demasiado eficaz. Las terapias de homeopatía y energía, argumentan los defensores, dependen de la física cuántica. La hidroterapia colónica se justifica utilizando frases tomadas de estudios de microbioma. Y el lenguaje de la investigación con células madre se utiliza para promover un aerosol que afirma tener propiedades de estimulación inmunológica.

Necesitamos físicos, microbiólogos, inmunólogos, gastroenterólogos y todos los científicos de disciplinas relevantes, para proporcionar contenido simple y compatible que explique por qué este secuestro de la investigación real es inexacto y científicamente deshonesto.

De hecho, es necesario decir que la física cuántica no explica la homeopatía o las terapias energéticas como el reiki. Que la hidroterapia del colon no reforzará su sistema inmunológico. Y que, no, un suplemento en aerosol no mejorará el funcionamiento de sus células madre.

En un mundo donde persisten los defensores de la anti-vacunación y los negacionistas del cambio climático, hablar con sentido común puede parecer inútil, especialmente cuando los algoritmos de las redes sociales y los malhechores deliberados amplifican los mensajes de la pseudociencia. No hay una respuesta fácil para resolver esto, pero los mensajes basados ​​en la ciencia no se encuentran fácilmente. Necesitamos más investigadores haciendo un esfuerzo. Una búsqueda rápida arrojó solo un físico que contrarrestaba públicamente las afirmaciones de que la física cuántica explica la homeopatía, aunque sé que su opinión es el consenso abrumador.

La experta en desinformación Claire Wardle de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, ha dicho: «La mejor manera de combatir la información errónea es inundar el panorama con información precisa que sea fácil de digerir, atractiva y fácil de compartir en dispositivos móviles». Entonces, a inundarlo.

Envíe tweets. Escriba un comentario para la prensa popular. Imparta conferencias públicas. Responda a las solicitudes de los reporteros. Capacite a sus alumnos para que se involucren en la comunicación científica. Comparta información precisa que considere valiosa para el público. Reclame ante la agencia reguladora o entidad supervisora ​​correspondiente si cree que hay un problema que necesita ser rectificado.

La corrección de las tergiversaciones debe considerarse una responsabilidad profesional. Algunas sociedades científicas ya se han movido en esa dirección. En 2016, por ejemplo, trabajé con la Sociedad Internacional para la Investigación de Células Madre en sus directrices para la traducción clínica, que les dicen a los investigadores que “promuevan representaciones públicas precisas, equilibradas y receptivas”, y que se aseguren de que su trabajo no sea tergiversado.

Por supuesto, parte de la lucha de la comunidad científica contra la pseudociencia es mantener su propia casa en orden. Quienes promueven las teorías de conspiración biomédica y otras tonterías señalan preocupaciones legítimas sobre cómo se financia, interpreta y difunde la investigación. La integrad científica–en particular, absteniéndose del bombo y mostrando transparencia sobre los conflictos – es crucial. Debemos promover la confianza en la ciencia y en la ciencia confiable.

Esperemos que uno de los legados de esta crisis sea el reconocimiento de que tolerar la pseudociencia puede causar un daño real. La buena ciencia y la confianza del público son quizás las herramientas más valiosas en la lucha contra la desinformación.

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Toda la verdad en San Isidro

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La importancia de las mutaciones en el tratamiento de nuestro GIST. Conceptos. Dos contribuciones del equipo sarcomas del @VHIO@vallhebron

Colectivo Gist España

Las estrategias de tratamiento actuales para GIST suelen utilizar un enfoque de “talla única”, en el que cada paciente con GIST se trata con el mismo régimen de cirugía, si corresponde, e imatinib.Esta estrategia no tiene en cuenta las diferencias genéticas y moleculares subyacentes entre los diferentes tipos de GIST.Como resultado, los pacientes con GIST con deficiencia de SDH y otras mutaciones minoritarias, son tratados frecuentemente con TKI con una alta tasa de resistencia primaria a los medicamentos.

¿¿¿¿¿Cuál debe de ser nuestra actitud como paciente ante un diagnostico de gist???

Comience por obtener una copia del informe de patología de su médico.Aunque leer su informe de patología puede ser complicado al principio, comprender cómo el patólogo llegó a su diagnóstico puede ser útil.Su muestra de tumor se examinó bajo un microscopio, buscando características como la forma de las células, etc. En función de las características de…

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